Cuando se filtran datos, no se vulneran números, se exponen personas
Cada vez con más frecuencia vemos titulares sobre vulneraciones como si fuera la primera plana del Alarma: “se vulneraron 2 millones”, “se filtraron 30 millones”, “es la base de datos más grande del país”. Y sí, el volumen importa para dimensionar el problema. Pero si la conversación se queda en la cifra, en los datos del portal que dio a conocer el “hackeo”, en la atribución (quién fue) o en la carrera por ser el primero en publicarlo, perdemos de vista lo más importante: la seguridad y privacidad de las personas y en remediar las causas de esas vulneraciones. Una vulneración de datos no es un evento abstracto que impacta solo la tecnología, los bits y los bytes. Es un episodio que puede terminar en suplantación de identidad, fraude, extorsión, acoso, discriminación o amenazas físicas. Para una persona, que se exponga su domicilio, teléfono, historial de compras, trámites públicos o datos sensibles. No es solo “una nota”, es un riesgo que se mete a su vida sin pedir permiso. En admini...